Baja el telón en Beijing

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Una voluntaria celebra, en primer plano, durante la ceremonia de clausura de los Juegos Olimpicos Beijing 2008, escenificados ayer en el Estadio Nido de Pájaros.

Una voluntaria celebra, en primer plano, durante la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos Beijing 2008, escenificados ayer en el Estadio Nido de Pájaros.

Pekín.- Los Juegos Olímpicos de Pekín pasaron ayer  a la historia definidos como “verdaderamente excepcionales” por el presidente del COI durante una ceremonia plena de fluorescencia y rock en el “Nido de pájaro”. “A través de estos Juegos el mundo aprendió más de China y China aprendió más del mundo”, dijo el presidente del COI (Comité Olímpico Internacional), Jacques Rogge. “Estos Juegos fueron verdaderamente excepcionales”.

La ceremonia de clausura, celebrada bajo un intenso calor en la capital china, mezcló los tambores chinos con la entrada de un autobús rojo típicamente inglés y paraguas para dar la bienvenida a Londres 2012.
La ceremonia de clausura se realizó con el estadio repleto por unas 91.000 personas y con la presencia de personalidades como el primer ministro británico, Gordon Brown, la infanta Cristina de España, y el príncipe heredero de Holanda, Guillermo Alejandro.

La fiesta duró dos horas y comenzó a las ocho de la noche de Pekín con un estruendo de fuegos artificiales, para acompañar una cuenta regresiva de 29, que representaba el final de los XXIX Juegos Olímpicos de la era moderna.

El estadio se oscureció y 200 personas vestidas de rojo comenzaron a tocar el tambor en simultáneo, mientras un ejército de más de 1.100 bailarinas con trajes de cascabeles y luces invadió el escenario del Estadio Nacional.

Otra vez el ruido y el olor de los fuegos artificales irrumpió en el cielo, esta vez con más color, con más estruendo. Y fue entonces que comenzaron a avanzar carrozas iluminadas con tambores y acróbatas.

Ruedas fluorescentes, un hombre volador, personas rebotando y el ritmo empezó a volverse más intenso, para dar paso a banderas de las delegaciones ante unas 91.000 personas que sacudían paños naranjas y aplaudían la llegada de los deportistas.

Algunos entraron con sus medallas al cuello, y muchos con cámaras de fotos y filmadoras. Con sus 2,26 metros de altura, sobresalía el jugador de baloncesto chino Yao Ming.

Todavía no llegaba el clímax de la celebración, las últimas imágenes de unos Juegos perfectos en su organización, que estuvieron precedidos y acompañados por las polémicas sobre el Tíbet y la situación de los derechos humanos y en los que se batieron 38 récords mundiales.


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