Los Juegos Olímpicos ofrecen atractivo menú

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Un grupo de niñas participa frente al Tiananmen, en la ceremonia de llegada de la llama a Pekin (China), donde dentro de dos dias encenderá el pebetero del Nido de Pájaro (Estadio Olimpico) y marcará el inicio de los Juegos de la XXIX Olimpiada.

Un grupo de niñas participa frente al Tiananmen, en la ceremonia de llegada de la llama a Pekín (China), donde dentro de dos días encenderá el pebetero del Nido de Pájaro (Estadio Olímpico) y marcará el inicio de los Juegos de la XXIX Olimpiada.

Michael Phelps va por el récord de medallas de oro en la natación. Lionel Messi y Ronaldinho engalanan la competencia de fútbol. La perspectiva de otra final entre Roger Federer y Rafael Nadal en tenis. Unos 100 metros como hace tiempo no se veían.

Son apenas algunos de los atractivos del menú de los Juegos Olímpicos de Beijing, que prometen ser tan emocionantes como candentes, dentro y fuera de los estadios.

Tras una larga espera, China finalmente será anfitriona de una olimpiada. El momento que tanto ha esperado llegará el viernes cuando su imponente Estadio Nacional, o “El Nido de Pájaro”, albergue la inauguración de las justas, que se prolongarán hasta el 24 de agosto.

China, cuyos 1.300 millones de habitantes constituyen la quinta parte de la población mundial, espera que un montaje exitoso de las competencias le den una mayor presencia en la escena internacional.

Esta es su oportunidad para mostrarse orgullosa a todo el mundo como una auténtica potencia mundial, borrando su añeja imagen de país caótico con una mano de obra barata que produce artículos consumidos en todo el mundo.

“Creo que la historia juzgará la olimpiada del 2008 como un hito significativo en la excepcional transformación de China”, afirmó esta semana el presidente del Comité Olímpico Internacional Jacques Rogge.

“Todos nosotros en la familia olímpica deseamos que los Juegos de Beijing ayuden a cicatrizar las heridas en China y profundizar el conocimiento del mundo sobre este excepcional país”, agregó.

Tras fracasar en su intento por obtener la sede en el 2000, China no dejó un cabo suelto en su campaña en procura de los juegos del 2008.

El precio fue ceder en varias cuestiones sensibles para el régimen comunista, como mejorar la situación de los derechos humanos y no poner cortapisas al enjambre de 30.000 periodistas asignados para cubrir las competencias. También implicó asumir el desafío de garantizar un aire limpio en una de las ciudades más contaminadas del mundo, emprendiendo un esfuerzo sin precedentes para disipar la capa de neblina tóxica que acostumbra arroparle. Las autoridades sacaron de las calles a la mitad de los 3,3 millones de vehículos y cerraron varias industrias.

Pero la antesala de los Juegos ha sido marcada por acontecimientos que han puesto en entredicho tales objetivos. Los cielos azules del fin de semana dieron la impresión que se pasaba el examen de la contaminación, pero el manto de smog volvió a reducir la visibilidad en días recientes.

Tampoco ha habido señales alentadoras en cuanto a la libertad de expresión: dos periodistas japoneses fueron objeto de una golpiza policial cuando esta semana cubrieron un atentado de presuntos separatistas musulmanes en el oeste del país, se impusieron nuevos obstáculos a los medios de prensa que quieran informar desde la Plaza Tiananmen y el Comité Olímpico Internacional tuvo que intervenir para que China desbloqueara parcialmente algunas páginas de Internet.


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